¿DESDE DÓNDE TOMAS TUS DECISIONES?

                ¿Qué proceso utilizas al elegir entre una o más alternativas de solución? ¿Utilizas los mismos patrones de comportamiento en cualquier contexto?

                Para resolver un problema específico, ya sea laboral, empresarial, personal o sentimental,  debes identificar una estrategia a seguir; debes usar tanto el razonamiento como escuchar atentamente lo que te dice tu cuerpo, esas sensaciones que se desbordan de tu intuición.

                En la toma de decisiones va implícita la variedad de alternativas de acción por lo que la falta de determinación ante un evento es causada por la ausencia de confianza en sí mismo, consecuencia de la desconexión con los sentimientos, evasión del problema y el determinismo personal.

                Cuando eres responsable de tus decisiones te das cuenta que actúas desde el amor y cuando reaccionas a una situación haz conciencia que tu elección fue desde el miedo.

                El estado de ánimo, la importancia de la situación, el rechazo a un cambio, demasiadas opciones y la nula autoestima, son factores que intervienen en las indecisiones. Los estados alterados de la mente, la percepción de la realidad distorsionada por el estrés, la zona de confort, la ignorancia a los derechos más básicos y la incapacidad de vivir en el presente, son aspectos que se relacionan con los miedos más profundos de una persona.

                Cada quien enfrenta la resolución de un problema de manera diferente, basada en su experiencia y contexto. Si una persona orienta de manera positiva un problema puede dar lugar a que lo considere como reto por lo que estará dispuesto a invertir tiempo y esfuerzo para solucionarlo con la percepción de optimismo, motivación y posesión de una gran capacidad de confrontación. De manera contraria si el enfoque es negativo, implica ver los problemas como amenazas y entonces recurre a la creencia de que no existe solución teniendo como consecuencia frustración y duda de sus habilidades y capacidades.

                Una toma de decisiones conveniente radica en descubrir una conducta adecuada para resolver un evento que sobrepasa nuestras facultades, aptitudes y destrezas en el momento en que se presenta, una vez detectada la amenaza, ya sea real o imaginaria, se debe realizar un plan para enfrentarla: se analiza la situación determinando los aspectos relevantes, se realizan modelos de las posibles soluciones y así visualizaremos el resultado final para evaluar las consecuencias para poder elegir la conducta ideal que dará solución al conflicto en el que estamos inmersos.

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